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Crónica Oficiosa del Congreso PDF Imprimir E-mail

  Crónica del congreso de Jerez de la FronteraJosé Biedma López

Vicepresidente de la Asociación Internacional de amigos de Juan Huarte de San Juan

 

El VIIº congreso de la AAFi se celebró en Jerez con la asistencia de más de cien personas. Así que del 12 al 14 de septiembre paseaban más filósofos por el casco viejo de Jerez que por el ágora de la Afoto1tenas de Pericles. Hay que ser asertivo, pensar en positivo, aunque aquí como allí hayan hecho su agosto los sofistas. Positivo es Víctor Gómez Pin, militante de la filosofía, al que no pude oír más que un rato, porque llegué tarde, mea culpa.

Para nuestro filosofar, Jerez nos ofreció el espacio amplio de una antigua iglesia jesuítica, muy hermosamente rehabilitada como salón de actos culturales, teatro y auditorio: la Sala Compañía. El concejal de cultura dio la bienvenida, así como el vicedirector del Cep.

Mientras Víctor respondía las preguntas, este socio, mareado de kilómetros, hacía memoria recordando el primer libro que leí de Gómez Pin: De usía a manía. Vino y éxtasis (Anagrama, 1972). Quien hubo escrito un libro como ese jamás se hubiera negado a viajar a Jerez, ciudad de frontera para un congreso fronterizo: ciencia/filosofía. En el De usía se nos cuenta, siguiendo a Platón (Leyes), cómo el vino acentúa las vivencias irreflexivas e inmediatas y suprime o debilita las mediatizadas (recuerdos, opiniones, pensamientos). Tomado con la debida moderación (sophrosyne), el mejor caldo del mundo, sol y luz embotellada en Jerez, sirve de antídoto contra la enfermedad profesional del filósofo, a la que Kierkegaard llamó exacerbatio cerebri.

Para ensayar, Gómez Pin no tiene la gracia literaria de otros, pero es profundo, riguroso, con cierto deje francés y cierta propensión al tic, salva veritate, ¡un patriota y un defensor de la fiesta nacional!: La escuela más sobria de la vida. Tauromaquia como exigencia ética (Espasa, 2002). Escribí un pregón taurino al hilo de esta obra, así que me prometí leer la ponencia del filósofo en nuestro Congreso nada más se halle publicada. Nulla mens sine cultura! 

Sin duda resulta interesante –y útil- la convivencia intelectual de neurocientíficos y filósofos. Aquellos viven ahora su época más popular, como nosotros en los tiempos de Jean Jacques. Nosotros no hemos tocado ni visto ningún cerebro, ni vivo ni muerto, pero ellos apenas son conscientes de la cantidad de entidades cuya existencia suponen en su vida moral y cotidiana, incluso cuando hablan del cerebro. Nosotros podemos aportar la creatividad de las ideas y los modelos; ellos, la tozudez de los hechos.

Divertido y valiente, José María Delgado, socrático.

- Vale, tío, el cerebro es un productor de comportamiento y visión, pero en nuestro caso, también de contemplación. Los filósofos llamamos a eso teoría, nos resulta irrenunciable y colinda con la mística, implica un desinterés quijotesco, Ortega diría que heroico, pero también una pretensión soberbia, exuberante.

El filósofo le reprocha al científico la mezquindad de su reductivismo, y el científico –con todo derecho- le reprocha al filósofo la megalomanía de su theoria. Pero el milagro está en que ambos ejercicios ascéticos -y ambas fanfarronadas, vanidad de vanidades- sean posibles y produzcan resultados tan poderosos como el humanismo democrático o la Internet.

No vemos el pensamiento, pero podemos contemplarlo. Uno no deja de maravillarse, y Delgado nos anima a ello: ¡sólo conocemos el funcionamiento de tres o cuatro tipos de neuronas, pero podemos describir por lo menos 1000 clases distintas! Sólo sabe que no sabemos nada. A fin de cuentas, el cerebro ha tenido 500 millones de años para desarrollarse, bajo la presión que ejerce el medio sobre el comportamiento que él coordina y ordena. ¡Un millón de neuronas pueden convivir –y pelearse- en un mm3!  Sin duda somos un microcosmos si las células son más antiguas que los cerebros y también ellas tienen una especie de cerebro en su núcleo.

 

foto2Delgado no cree que el cerebro humano sea tan plástico como se dice, aunque las neuronas se desconectan y reconectan. Curiosamente, lo que nos permite entender el universo no está en contacto con él, sobrevive encofrado, como un tesoro orgánico. Otra razón a favor de la sublimación platónica. A nosotros, la gana de vivir nos ha forzado a desarrollar comportamientos complejos y un cerebro despilfarrador y voluminoso… Tal vez sea la nostalgia de la simplicidad la que nos lleve al vino. El cerebro es una pesada carga que combatimos eventualmente con borracheras de deportes, banalidades o estupefacientes y es que, como el mismo Delgado reconoce, “la tarea consciente requiere cierto grado de recogimiento motor”[1]

Carlos Moya nos habló de la causalidad mental. Como el ponente leía, me perdí un poco. La ponencia parece trabajada, esperaré a leerla para formarme un juicio sobre ella. Donde estuvo Carlos brillante fue en las réplicas; por ejemplo, haciendo ver lo importantes que son las disposiciones en la vida cotidiana, que reconocemos con tanta naturalidad como la fragilidad de una copa, sin que sean sin embargo empíricamente sensibles.

 

La ponencia de Juan Vicente estuvo muy interesante, pero yo descansé de tomar notas. Ahora recuerdo que su propuesta era un modelo proyectivo de la memoria. Lo que a la memoria interesa no es el recuerdo, sino la predicción. Por supuesto, mi propia mitología representa a Mneme y Fantasía como diosas siamesas. El hombre es un animal anómalo y futurizo. Por eso nos alimentamos de sueños. ¿No es eso complejo? Tal vez tenga razón el científico y sólo nos parezca complejo lo que no entendemos. Su interpretación de la memoria prueba que la anorexia del proyectar y hacer planes (J. A. Marina) que padecen nuestros adolescentes corren parejas a las debilidades y patologías de sus memorias (biográficas, académicas y históricas), pues memoria y planificación no son separables. Hay que ser un animal para alimentarse sólo de instantes y actualidad.

 

Rosa Rodríguez hizo un buen trabajo como relatora de comunicaciones en esta sección del congreso. Mi viejo condiscípulo y amigo Alfredo Martínez distinguía en una de ellas entre organismo y mecanismo. La tercera de las comunicaciones, de Federico Rodríguez, interesará a los estudiosos de Husserl y Derrida. Yo mismo presenté una comunicación sobre el modo como se dispersa nuestra identidad en el monitor de los ordenatas, donde se exacerban las propiedades geométricas del objeto sexual a costa del tacto, del olor , y de los riesgos del contacto personal. En esta sección no se habló mucho de inteligencia artificial, aunque “haberla hayla”, como se dice de las meigas.

Quienes nos apuntamos a comer en la bodega Los Escudos disfrutamos de un arroz con pescado casero, bien elaborado y bien servido, después de deshidratarnos andando bajo un sol de justicia, la cerveza sabía a gloria (más valiosa que la justicia); el vino, mejor que también.

Y por la tarde los talleres. Seguí la corriente dominante y me apunté al del Oscar Brenifier. Me harté de reír, pero todavía no sé si aquello era filosofía, humor cruel o sal fina, de un refinado animador sociocultural. La verdad es que no deja a nadie indiferente. Hay que echarle valor o jeta –según se mire, mas reconozcamos la virtud donde se halle- para montar algo así en un idioma que no es el materno. La idea es sugestiva: dirigir el diálogo de seres humanos a los que se trata como niños de escuela, para mostrar las contradicciones,  “la locura humana” del interlocutor:  algo tan venerable como la dialéctica corrosiva de los diálogos socráticos. 

 

¿Es Brenifier un sofista? ¿lo era Sócrates, el Sócrates de los diálogos primerizos del divino Platón? Para descartar una opinión, Brenifier apela al sentido común, al consenso democrático, más que a la razón aristocrática, aunque lo que pretende –o eso dice-, no es ganar dinero, sino formar en las pericias básicas de la lógica, denunciar falacias. Brenifier pretende hacernos percibir el enorme problema filosófico que plantea el diálogo con “el otro”: en la medida en que este escucha realmente, pero “mide” y “pesa” las palabras o las contrasta con la opinión pública, se convierte en un espejo despiadado que nos devuelve nuestro reflejo con dureza. Se trata de un propósito consciente. La presencia del otro es siempre un riesgo, cuyo alcance ignoramos, sus objeciones e interpretaciones nos frustran.

 

Un esfuerzo que aparenta ser meramente formalista, porque soslaya los problemas éticos, que si no inspiraban al Sócrates platónico sí obsesionaban al Sócrates inventado por Platón, no resulta serlo tanto a la postre, pues nuestras palabras siempre portan  sentido y vuelan encendidas con los cromos de nuestras emociones. A mí, más que un sofista (esta cuestión la discutimos de madrugada en el Tablao del Bereber), Brenifier me parece un cínico en el sentido clásico del término, un socrático menor, de la vena contestataria y misántropa de Diógenes de Sínope. Su atuendo desaliñado, su arrastrar el equipaje, confirman el perfil. Al día siguiente, en un intermedio, en la calle, intenté dialogar con él en francés, y me asestó un corte ingrato  –nada de politesse- ,que me disuadió de volver a intentarlo. Su éxito prueba que vivimos una época más helenística que clásica. Pero las risas que nos arrancó resultan impagables y de todo corazón se las agradezco. Su método es legítimo, y puede sernos de utilidad en clase, aunque no todos los días. Él mismo le llama en su página web método anagógico. Basado en la remisión a los orígenes conceptuales del pensar (¿por qué?) y a la discriminación de palabras clave, busca una toma de conciencia de los presupuestos (anclajes), de los operadores conceptuales fundamentales que constituyen la trama subjetiva de todo pensar y existir, y sus contradicciones. Distanciándose de su propio pensamiento, el interlocutor toma conciencia de la falta de coherencia de su discurso.

 

Como él mismo declara, el trabajo de Brenifier forma parte de toda una corriente que ha popularizado, divulgado y sacado de su libresca torre de marfil a la filosofía en las últimas décadas: los libros de Jostein Gaarder o Savater, las propuestas de Matthew Lipman, los ensayos terapéuticos de Lou Marinoff… devuelven a la filosofía su útil función práctica. El filósofo no es sólo un pósito de opiniones acreditadas y teorías autorizadas, ni sólo un refinado hermeneuta o un analista lógico, sino también un orientador, un consultor, un interlocutor espiritual, un animador del diálogo democrático.

 

Antonio de Lara, con su probada competencia didáctica, nos resumió las comunicaciones de esta sección, entre las cuales se cuentan una sobre el Cármides platónico de Antonio Millán, otra sobre María Zambrano de J. Barrientos, una defensa de la lectura y escritura de nuestra amiga Ana Azanza, así como otras cuatro de Mª Carmen Lara, Miguel A. Rosa (sobre la disertación), Javier Bascuñana y Juan Ramón Tirado. 

En su tercera sección, nuestro Congreso abordaba la distinción naturaleza-artificio y espíritu-materia. Sin embargo, del “espíritu” se habló más bien poco, salvo para referirse al aroma de ciertos caldos. Nadie se atreve. La voluntad está elidida o se ha mudado a Venus. Al parecer, hablar de “mente” ya resulta bastante esotérico. Juan José Acero nos regaló una interesante ponencia sobre la emoción, la percepción y el concepto. Las emociones son programas o síndromes de afecto con funciones adaptativas. Aunque las emociones básicas puedan ser consideradas como universales panculturales es evidente que son modelables y remodeladas por las culturas. Cabe decir que las emociones típicamente humanas son conceptuales. Lo que hay de verdad en la teoría del juicio sobre la emoción es que mucha de nuestra percepción emocional presupone un alto grado de competencia cognoscitiva. Pero también mucha de nuestra percepción emocional es no conceptual.

 

Francisco J. Rubia, catedrático de Medicina en la Universidad de Dusserdorlf y eminente académico, es autor de El cerebro nos engaña (Madrid, 2000), una exposición clara y sencilla de los mecanismos empleados por el cerebro para reconstruir el mundo que nos rodea. Ya me recelaba yo que algunos políticos no pueden ser tan memos como nos parecen. El síndrome de la mano extraña, el miembro fantasma… todo indica que el control del movimiento y la conciencia subjetiva de la voluntad constituyen redes distintas. La ciencia confirma la hipótesis freudiana: de toda la actividad cerebral sólo una ínfima parte es conciencia. La historia también confirma lo mismo, por eso es el tesoro de nuestros despropósitos. Sin duda, Rubia exageró cuando afirmó que no controlamos la memoria. Si no pudiéramos hacerlo, si no pudiéramos modelarla en cierta medida, todas las calificaciones académicas serían injustas; y la educación, imposible.

 

 

Los neurocientíficos descubren el Mediterráneo cuando infieren de sus estudios que la realidad no existe como tal y es más bien una película construida por nuestro cerebro con materiales externos. No extraña que al mismo tiempo estén redescubriendo a Kant. Pero la cuestión es explicar por qué para el cerebro no todo es cerebro. La simulación que inventa el cerebro no debe ser tan ilusa si nos ha permitido sobrevivir: hay que suponer cierta adecuación (en sentido realista, aristotélico) entre lo que el cerebro inventa y la presión ambiental -y mediática[2]- que lo ha creado. No es el cerebro el que habla consigo mismo, sino el sujeto –un constructo social, una internalización del proceso de comunicación-, quien habla consigo mismo usando el cerebro. No importa que la evolución carezca de finalidad real. Nosotros llevamos siglos inventándosela. No podemos explicar cómo la actividad cerebral se transforma en mente (conquista suprema de la materia viva), pero a la mente “le debe el homo sapiens el privilegio de escalar las cimas del bien, la trágica posibilidad de caer en las simas del mal, y la capacidad para salir airoso de los abismos del sufrimiento” [3].

Ni creo que la única manera de eliminar el determinismo del cerebro sea suponer una instancia inmaterial. Las propuestas de Penrose, por ejemplo, apuntan a una tercera vía. A fin de cuentas, sólo conocemos con claridad algunas clases de materia y de energía. Los físicos hablan de inmensos caudales de materia y energía oscuras. Por otra parte, hablar de determinismo en el nivel cuántico, incluso de causalidad lineal, parece impertinente.

El determinista niega la libertad y en consecuencia mi capacidad para elegir ser malvado, lo cual es indignante, porque no me tengo ni debo tenerme por imbécil. Siempre he pensado que el mejor argumento contra el determinismo es práctico: aplíquesele un tortazo al determinista. Nunca hallará una razón suficiente ni para quejarse ni para denunciarte. Si no soy libre, no soy obviamente responsable de mi tortazo.

 

 

Conrado Engelhardt Avilés se dedica a labores más prácticas: el análisis bioenergético. Sus esfuerzos, en la estela de Reich y Lowen, van encaminados a refundir el discurso mental y el lenguaje corporal en un eficaz proceso terapéutico. Dejó claro que la revalorización del cuerpo no tiene nada que ver con la glorificación del look que nos proponen los Mass Media. Pero la expresión “concienciación del cuerpo” es ambigua. Depende de que entendamos la expresión “del cuerpo” como genitivo objetivo o como genitivo subjetivo. ¿Es el propio cuerpo el que toma conciencia de sí?, ¿me corto a mí mismo cuando me corto las uñas? Soy y tengo un cuerpo, que tampoco es sólo mío, de los que otros dependen y que depende de otros cuerpo, el cuerpo es también un nudo de relaciones. No hay que despreciar la bionergía que irradia un buen vientre orondo, mírese a Buda.

Antonio Durán hizo cumplidamente los oficios de relator de comunicaciones:  de Juan J. Ojeda Abolafia (lo natural, lo humano y lo sobrehumano), Begoña Escribano (cuerpo propio y alterado), Leandro Sequeiros (evolución y caos), y de Pablo López López.Pasamos calor en la visita guiada al alcázar de Jerez, pero fue agradable y sirvió para digerir la buena comida casera que nos ofrecieron a precio razonable en La Parra Vieja, cerca de la plaza del Arenal, mientras hablaba con mi viejo amigo Alfredo Martínez de lo humano y lo divino.

Fue una pena que a la Asamblea General de la AAFi acudiésemos tan pocos. Felicité a la Junta Directiva por la organización y altura del Congreso. Me comprometí a animar alguna lista de discusión en nuestro flamante portal, en el que los socios pueden agenciarse un buzón electrónico con la extensión aafi. Y se apuntaron algunos temas para el próximo congreso que bien pudiera ser en Osuna o Antequera en el 2010, si los dioses lo consienten.

Esa tarde me desenganché con dificultad de los colegas, que no tenían bastante con una cerveza (explicación no especificación). Necesitaba descargar el pesado fardo de la conciencia; con ser tan limitada, ¡hay que ver lo que duele y pesa!  Así que me escabullí, buscando alguien que me sirviera un caldo de la tierra sin hacer preguntas ni reclamarlas. Me zampé un buen bocata de jamón de pata negra, unas cuñas de queso curado, todo aliñado con un par de olorosos, en una barra desierta, mientras comentaba la victoria del Sevilla sobre el Sporting con uno de esos taberneros que en Andalucía practican la filosofía con tanta naturalidad como respiran. Luego, mi cerebro (o uno que llamo por rutina mío) solucionó un sudoku en el hotel… y yo hice mutis por su foro, dejándolo en libertad para que delirase.

Bien hecho, porque el cerebro agradece que se le deje vacar del vigilante, y al día siguiente, mientras mis colegas bostezaban, yo me enteraba divinamente de cómo José Guimón Ugartechea, neuropsicosociólogo de la corporalidad, explicaba lo mucho que seguramente debe la creatividad humana a la discrepancia entre la imagen de nuestro cuerpo y la imagen ideal: el cuerpo glorioso que nos prometen los profetas del más allá y del más acá (cosmética, moda, deporte, cirugía). ¿Una de cada diez personas se someten a cirugía estética en España? ¡Vivimos entre ciborgs! Padres insensatos regalan a la hija unas tetas postizas para el cumpleaños, para que no sufra en los garitos en que abrevan desde el jueves noche las universitarias. Apostar por la salvación del cuerpo o por el cuerpo ya es bastante más imprudente que apostar por la salvación del alma. Sabemos que el cuerpo no se salvará nunca; dinero tirado.

¿Será por esa discrepancia creativa,  entre el cuerpo real y el glorioso, tal vez, por lo que los filósofos tendemos a ser –como Sócrates- más bien feos? La imagen que nos devuelve la caverna no nos gusta; y eso que la construyen zorrunos aduladores, así que escapamos.

 

 Mi tocayo vasco habló de patologías curiosísimas que tienen que ver con la imagen y vivencia del cuerpo propio, y tomé nota de que tiene un libro en Espasa sobre La desvergüenza. Con los años, los seres humanos y las culturas nos volvemos desvergonzados, y aún no le hemos sacado suficiente partido a esta emoción (¿secundaria?) en nuestras clases de ética; en cuanto al decoro y al pudor, Dios sabe qué fue de ellos, no parecen ser virtudes propias de la Educación para la Ciudadanía, ni la gratitud, la humildad o el perdón, por cierto.

Debería haber traído un saludo de Martín Ruiz Calvente para Mari Luz Pintos, ¡que dulce su acento gallego! Su ponencia fue sensata. Hizo bien en valorar la empatía y la tolerancia primaria desde una perspectiva antropológica; y las emociones, como sentido valorativo genuino de nuestro mundo inmediato. Óscar Brenifier la criticó injustamente, yo creo que no la entendió en absoluto.

José A. de la Rubia no deja de sorprenderme. Adalid de nuestra perspectiva filosófica del mundo. Su ponencia fue apropiada en fondo y forma. Un magnífico colofón. Humor y profundidad. Tomé notas emocionadas, así que me resultan ahora bastante ininteligibles. Su crítica de la perspectiva naturalista y psicologista me conmovió, su defensa de la autonomía de la semántica o la suficiencia del sentido. Tendré que revisar su reinterpretación del cogito como prototautología; y del yo (sujeto ejecutivo de una mente holística), como centro de gravedad normativo.

Romualdo hizo perfectamente sus deberes, resumiendo las comunicaciones de María Victoria Rodríguez, Santiago Navajas, Evelina Zurita, Fco. Javier García-Valiño, José Carlos Ruiz, Rafael Cejudo y Antonio Durán. Los temas de género están de actualidad. La cosa terminó muy tarde y no pude ni oler la fiesta jerezana de la vendimia. Pero me vine a mi pueblo con la cabeza llena de ideas, sugestiones, referencias, problemas, y una carpeta repleta de notas y direcciones. Y sin pasar hambre ni frío.  


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Lenguajes del cerebro, ed. Letra Aúrea, 2008, pg. 13. En esta obra cita con notable soltura a María Zambrano y otros poetas.

[2] El modelamiento de la mente y del cerebro que la soporta, es hoy un proceso industrial masivo, que se ejerce a través de eficaces medios telemáticos con terminales en cada una de las piezas de nuestro domicilio, a partir de una economía del deseo y la adicción rigurosamente planificada.

[3] Rita Levi Montalcini, La galaxia mente. Drakontos, Barcelona, 2000.  

Última actualización el Lunes, 20 de Octubre de 2008 18:19